Por Sectorial Feminista de Ecosocialistas/PSOL
«Me preguntan cómo llegué hasta aquí
La verdad es que siempre estuve»
(Territorio Ancestral – Kaê Guajajara)
INTRODUCCIÓN
En nuestras primeras elecciones como ecosocialistas, debemos trabajar para presentar una base programática con densidad, ya sea en las candidaturas directamente de Ecosocialistas, ya sea en las candidaturas asociadas a nuestra corriente.
Este texto expresa un programa feminista para respaldar nuestra actuación electoral, programa que puede y debe ser cualificado por nuestras diferentes actuaciones feministas.
Nuestro propósito es promover candidaturas radicalmente comprometidas con el fin de todas las formas de explotación, opresión y alienación capitalista.
EL PSOL Y SU ACTUACIÓN NECESARIA PARA ENFRENTAR EL MACHISMO Y LAS VIOLENCIAS CONTRA LAS MUJERES
En Brasil, la cultura machista construida por el capitalismo patriarcal y por nuestra herencia esclavista colonial sigue provocando, todavía hoy, altos índices de desigualdad y violencia contra los cuerpos leídos socialmente como femeninos, consecuencia de la ausencia de equidad en diversas áreas. Cada año, cientos de mujeres y personas LGBTQIAPN+ son blanco de violencia, la culpabilización de las víctimas todavía persiste en muchos casos, el aborto legal derivado de violencia corre peligro, y la cultura de la violación sigue perpetrándose. Estudiamos más, ganamos menos, trabajamos mucho dentro y fuera del hogar, y sin embargo estamos muy subrepresentadas en la política. Y, en el mercado laboral, ocupamos menos puestos de mando, además de ganar menos por realizar el mismo trabajo. Cambiar esta realidad es urgente.
Tales desigualdades se presentan ante una intensa polarización política que tiene a la extrema derecha neofascista del otro lado. Combatirla pasa centralmente por la defensa de los derechos de las mujeres. Por un lado, tenemos el avance de un neofascismo, con su vieja misoginia y fundamentalismo religioso, pero al servicio de nuevos propósitos. Por otro, están las feministas en su diversidad, presentes en los más diversos movimientos rurales y urbanos, que luchan por dignidad y derechos. Si, por un lado, Bolsonaro salió del poder, el proyecto de la derecha conservadora fascista sigue vivo, incluso siendo asumido por muchas mujeres que utilizan la paridad de género para impulsar proyectos contra el 99% de las mujeres.
El PSOL ha sido el partido que más se ha levantado en el combate a las violencias machistas, LGBT+fóbicas, racistas y capacitistas, además de dar visibilidad y espacio al crecimiento de las mujeres en su diversidad dentro de la política. En estas elecciones, nuestro papel no será diferente. Nuestras candidaturas deben ser trincheras de resistencia contra el avance de la derecha conservadora y fascista, movilizando a las mujeres, personas LGBTQIAPN+, población negra, indígena, quilombola, dialogando con la sociedad en su conjunto, disputando opiniones y sembrando la lucha feminista, antilgbt+fóbica, antirracista, anticapacitista, ecosocialista, clasista, anticapitalista y revolucionaria.
Es fundamental que las candidaturas y los mandatos del PSOL trabajen para contribuir a cambios reales en la vida de las mujeres de las ciudades, el campo y los bosques, en su diversidad de existencias y luchas. La presencia del PSOL en la institucionalidad debe denunciar las limitaciones del Estado capitalista en la garantía de derechos a las personas oprimidas y explotadas, y ser portavoz de las luchas de los movimientos sociales por la conquista de derechos.
En las luchas feministas, el PSOL debe defender enérgicamente todas las políticas que avancen hacia la igualdad de género y el combate a las violencias machistas y LGBT+fóbicas. Pero es importante observar que las luchas por la tierra, por el agua, por la vivienda, contra la violencia policial, las luchas antirracistas, indígenas y quilombolas, por salud y educación públicas, las luchas por el derecho a la libre orientación sexual e identidad de género como derechos humanos y contra la homolesbobitransfobia, las luchas contra la creciente precarización del trabajo y la pérdida de derechos laborales (como la reducción de la estabilidad laboral tras la licencia de maternidad, la flexibilización del derecho a guardería en empresas con más de 30 personas trabajadoras; el aumento de la edad mínima para la jubilación, agravado por la doble jornada laboral, ya que se acumula el trabajo remunerado con el trabajo doméstico y de cuidado de hijas, hijos y otros integrantes de la familia, y la dificultad de acceso a la licencia de maternidad debido a los cambios en la contratación, como la subcontratación individual y el trabajo intermitente) y tantas otras, son luchas fundamentales en las que las mujeres asumen protagonismo, estableciéndose también como luchas feministas. Reconocer esto es fundamental para vernos reflejadas en esas luchas y para reforzar un feminismo radicalmente fortalecido y diverso, que reposiciona el papel de las feministas como vanguardia de diversas luchas anticapitalistas, ecosocialistas y, más inmediatamente, por derechos.
Nuestra actuación como ecosocialistas debe guiarse por un feminismo clasista, antirracista, atento a las particularidades del sur global y de la economía periférica, en el que se enfaticen las experiencias de las mujeres en su diversidad, además de las personas trans y travestis. Un feminismo ecosocialista, en diálogo con las luchas ecológicas feministas, con las luchas del feminismo negro —a ejemplo de la carta de la Marcha de las Mujeres Negras por la justicia climática en la Conferencia de las Partes (COP)30— y del feminismo de la reproducción social, debe ser capaz de comprender cómo género, raza, clase y regionalidad componen la síntesis de múltiples determinaciones sobre la crisis climática y civilizatoria que vivimos.
No hablamos aquí solo de su faceta más evidente: la carga desproporcionada que soportan las comunidades rurales que sufren racismo ambiental frente a grandes proyectos y crímenes ambientales impulsados por el Estado neoliberal de sesgo extractivista. Hablamos también de cómo las mujeres y el espacio/momento de la reproducción social —representados por el cuidado de la naturaleza, las nuevas generaciones y la producción de bienes necesarios para la supervivencia material, espiritual y afectiva— quedan sujetos a una expropiación previa por los daños ambientales que vemos en los periódicos. Esas mujeres (y todas las personas) vienen perdiendo sus lugares, territorios, modos de vida y cultura, perdiendo su posibilidad de buen vivir.
Nuestro feminismo reivindica los pasos de Luisa Mahin, Thereza de Benguela, Esperança Garcia, Dandara dos Palmares, Aqualtune, Mariana Criola, Lélia Gonzales, Angela Davis, Sojourner Truth, Cláudia Jones y tantas mujeres negras que se pusieron en lucha contra el racismo y la esclavitud y por la vida emancipada. Reivindicamos también a Tybyra Tupinambá, Cassandra Rios, Marsha P. Johnson, Felipa de Souza, Xica Manicongo, Dandara dos Santos y tantas otras personas LGBTQIAPN+ que lucharon contra la violencia LGBT+fóbica y por el derecho a existir. Reivindicamos a Flora Tristán, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, Inessa Armand, Konkordia Samóilova y tantas otras que unieron la lucha feminista a la lucha revolucionaria por la superación del capitalismo. Tuíra Kayapó, guerrera indígena que detuvo la construcción de Belo Monte durante años con su machete; Margarida Alves, sindicalista y trabajadora rural; Dilma Ferreira, asesinada en Pará tras denunciar la extracción ilegal de madera; Nicinha, que denunciaba los impactos ambientales y sociales de la Central Hidroeléctrica de Jirau en el río Madeira, son nombres que recordamos para reivindicar un feminismo popular, orientado socialmente junto a los sectores más oprimidos y que no renuncie al derrocamiento del capitalismo y a la revolución.
La opresión machista ha sido utilizada y producida por el capitalismo como uno de sus pilares fundamentales y va de la mano con el desprecio a los derechos humanos. Mantener a las mujeres oprimidas y subordinadas permite reducir los costos de la reproducción de la fuerza de trabajo; aumentar la explotación y rebajar los salarios de la clase trabajadora en su conjunto; mantener una división importante dentro de la clase, facilitando su dominación y explotación; asegurar el mantenimiento de la familia como mecanismo esencial de asimilación de la ideología burguesa y patriarcal en el seno de los sectores oprimidos; y aumentar la deshumanización y alienación del proletariado, disminuyendo con ello su conciencia de clase y, por tanto, su capacidad de rebeldía. Incorporar la lucha por la igualdad de género es incorporar la lucha por el ecosocialismo y por la libertad de todos los seres humanos. ¡Sin feminismo no hay ecosocialismo, sin igualdad no hay libertad!
POLÍTICAS PÚBLICAS E IGUALDAD DE GÉNERO
A lo largo de la historia, los gobiernos capitalistas actuaron para perpetuar desigualdades y opresiones, y no para debilitarlas, prestando por tanto poca atención a la garantía de derechos de los sectores oprimidos de la sociedad, como la clase trabajadora y el campesinado en su diversidad —población negra, indígena, mujeres y personas LGBTQIAPN+—. Podemos decir que el Estado capitalista (el brasileño en particular) gobernó históricamente para pocos (muy pocos), invirtiendo en general en políticas de carácter represivo y asistencialista para los sectores oprimidos y explotados. Debemos comprender que la ausencia o escasez de políticas públicas para esos sectores ya es en sí misma una política pública que busca su sumisión. Así ha sido, por ejemplo, con las políticas públicas dirigidas a las mujeres, como en el caso de la intensa responsabilización de las familias como instancias de protección social y, en consecuencia, de las mujeres.
Al pensar la disputa o el quehacer político sin considerar a las mujeres, sus necesidades, las violencias que atraviesan y sus demandas específicas, se contribuye necesariamente a perpetuar una política y un mundo masculinista y machista. Al pensar y actuar sobre la política es necesario preguntarse: ¿quiénes son las mujeres? ¿Cómo viven? ¿Qué necesitan? Formular políticas para las mujeres requiere: 1) percibir el lugar que ocupan en la sociedad como principales responsables, casi en solitario, del cuidado y la reproducción social debido al machismo estructural del capitalismo; 2) reconocer a las mujeres como blanco de violencia machista, lo que exige políticas de enfrentamiento a esa situación; 3) reconocer que las mujeres son diversas y que ser blanca o negra/no blanca, cis o trans, heterosexual, lesbiana o bisexual, joven, adulta o mayor, madre o no, con formación intelectual o no, del campo o la ciudad, de la favela o del asfalto, marca una diferencia, y que esas ubicaciones determinan concretamente nuestra existencia; 4) comprender que la lucha contra el machismo requiere y depende de una lucha conjunta con el ecosocialismo y la revolución, y de la integración con las luchas antirracistas, LGBTQIAPN+, anticapacitistas y ecológicas, transformando la vida de hombres y mujeres (cis o trans) dentro del capitalismo y hacia su superación. Un mundo de ecosocialismo y libertad es un mundo que valora e incluye la diversidad y sus necesidades.
Las políticas públicas pueden contribuir a reducir las desigualdades. En primer lugar, reconociendo que esta desigualdad existe y que debe y puede reducirse; en segundo lugar, integrando el combate a la desigualdad de género en la agenda de gobierno, junto con el combate a otras desigualdades; y, en tercer lugar, identificando cómo y dónde se manifiestan estas desigualdades y cuáles son sus impactos, para poder planificar estrategias de acción. La identificación concreta de las formas en que se manifiestan las desigualdades de género permite identificar prioridades de acción.
Pero es muy importante, más allá de estas acciones dirigidas, incorporar la mirada de género desde una perspectiva interseccional, que perciba la intersección de clase, género y raza como necesaria para la acumulación capitalista. Desarrollar una mirada transversal en todas las políticas sociales dirigidas al pueblo es fundamental. Además, debemos prestar atención al crecimiento de los flujos migratorios del Sur global y a la feminización e infantilización de su perfil demográfico, resultado del agravamiento de la crisis capitalista y climática, que intensifica la vulnerabilidad de mujeres e infancias. Debemos considerar las barreras burocráticas, lingüísticas y culturales para el acceso de estos segmentos a las políticas sociales, así como la precarización de las condiciones de trabajo y de vida a las que están sometidos.
Entendemos que las políticas públicas deben ser un espacio privilegiado en el combate a la desigualdad de género, pues tienen la capacidad de articularse con las demás esferas de la sociedad y del propio gobierno, y de lograr avances sustanciales en la mejora de la vida de las mujeres. Es importante no pensar las políticas públicas de igualdad de género como un compartimento sin relación con las demás. Para lograr la implementación de políticas eficientes es necesaria la acción en diversas esferas de la sociedad, tales como economía, medio ambiente, agricultura, educación, salud, ciudadanía, etc.
Elaborar políticas públicas de igualdad de género requiere politizar las relaciones sociales y actuar sobre ellas. Así, al pensar políticas para las mujeres y las personas trans, es fundamental pensar cómo se desarrolla la vida de esas personas en los diferentes espacios —en el trabajo, en la educación, en las relaciones personales, etc.—. Se requiere una mirada atenta para identificar los espacios sociales donde está instalado el machismo y actuar en el sentido de desmontar la desigualdad de género.
ALGUNOS PASOS POSIBLES
A continuación, presentamos algunas ideas y acumulados posibles de incorporar como bases programáticas para candidaturas y futuros mandatos.
4.1. Democracia y participación política
La política es uno de los espacios en los que estamos aún más subrepresentadas. Pero más allá de la política institucional, es importante presentar un nuevo tipo de política, la política colectiva. Así, buscar involucrar a las mujeres y a las personas LGBTQIAPN+ en la construcción de la política es fundamental. Proponer canales de diálogo con las mujeres y las personas LGBTQIAPN+, y ampliar los espacios de participación política popular, es fundamental. Es decir: no basta con tener políticas para las mujeres, sino también políticas con las mujeres y las personas LGBTQIAPN+, haciendo que decidan sobre sus propias necesidades.
La valorización y ampliación de los espacios de control social (intervención de la sociedad) en las políticas sociales son una conquista histórica implementada por la Constitución de 1988, que definió mecanismos de participación social en la formulación, gestión, fiscalización y control de las políticas públicas. «¡Nada sobre nosotras sin nosotras!» Por ello, es importante garantizar y ampliar espacios como Consejos y Conferencias, sobre todo con amplia participación feminista en ellos. Además, debemos trabajar para abrir espacios políticos donde los sectores oprimidos logren presionar al Estado capitalista para la garantía de derechos, al mismo tiempo que denunciamos sus limitaciones en ese sentido. En nuestra actuación política en los mandatos, debemos fomentar espacios de democracia radical y popular.
En ese sentido defendemos:
– Mandatos participativos, con canal directo de diálogo con la población y los movimientos sociales.
– Lucha por la garantía y ampliación de espacios de democracia popular sobre las decisiones, que logren alcanzar e involucrar a las mujeres y a las personas LGBTQIAPN+, como Conferencias, Audiencias Públicas y ruedas de conversación periódicas.
– Incorporar la dimensión de género, raza y orientación sexual de manera transversal en los procesos de planificación, asignación de recursos y evaluación de las políticas y los programas.
4.2. Por una vida sin violencia
Cada año, Brasil sigue registrando datos alarmantes de violencia de género. Los casos de feminicidios y asesinatos provocados por la LGBT+fobia continúan ocupando las páginas de los periódicos, casi siempre con víctimas negras y pobres. Las políticas públicas pueden y deben intervenir para garantizar una sociedad libre de violencia contra las mujeres y las personas LGBTQIAPN+. En ese sentido, defendemos:
– Luchar por el perfeccionamiento de la Red de Atención a las Mujeres en situación de violencia y garantizar la efectiva aplicación de la Ley Maria da Penha desde una perspectiva que cuestione el punitivismo y el encarcelamiento de la población negra —en este caso, mayoritariamente hombres jóvenes—, enfrentando las raíces estructurales del aumento de la violencia y la ausencia de acción del Estado frente a ella.
– Ampliación y mejora de la atención especializada a mujeres y niñas víctimas de violencia, combatiendo la revictimización a la que son sometidas en los espacios institucionales.
– Articulación entre las esferas de gobierno para garantizar «Sala Lila» y comisarías especializadas en atención a mujeres en todas las localidades, con presencia de equipos multidisciplinarios integrados por mujeres las 24 horas.
– Defensa de la capacitación del personal médico y policial en la atención a mujeres en situación de violencia.
– Refuerzo y creación de programas de atención integral a mujeres víctimas de violencia, como los Centros Especializados de Atención a la Mujer víctima de violencia (CEAM), garantizando asistencia jurídica, médica, psicológica, etc.
– Luchar por la ampliación de los presupuestos para la creación de «casas de acogida temporal» para mujeres en situación de violencia doméstica.
– Creación de programas de formación profesional para mujeres y personas trans/travestis en situación de violencia, para que puedan construir autonomía financiera frente a la persona agresora, algo fundamental para superar esa situación.
– Ejecución de campañas de combate a la violencia machista que informen sobre derechos (leyes) e instrumentos (comisarías, casas de acogida, programas de capacitación profesional, etc.) y asistencia a las víctimas de violencia.
– Creación de un programa con énfasis en la violencia contra niñas y adolescentes, especialmente víctimas de violencia doméstica o en situación de riesgo.
– Cumplimiento de la legislación sobre violencia contra la mujer (incluyendo los recursos necesarios) —Ley Maria da Penha—; efectivización del derecho al aborto legal (Artículo 128 del Decreto-Ley n.º 2848/1940, Código Penal).
– Creación de una legislación que defina como infracciones administrativas los actos, por acción u omisión, de LGBT+fobia cometidos por el funcionariado público.
– Lucha contra la violencia policial y por el derecho a la maternidad y a la vida entre las familias negras, indígenas y de las periferias. ¡Las vidas negras e indígenas importan!
– Que las familias de la población carcelaria, mayoritariamente compuestas por mujeres, madres, esposas e hijas, sean reconocidas como sujetas relevantes en la reivindicación de derechos humanos para la población carcelaria, y puedan acceder a las políticas públicas que fortalezcan su labor.
4.3. Educación contra las opresiones
Como decía Paulo Freire, la educación por sí sola no cambia la sociedad, pero sin ella tampoco la sociedad cambia. Por eso, un sistema de educación pública que combata las desigualdades de género es imprescindible. Es fundamental actuar para garantizar el acceso de las mujeres, la población LGBTQIAPN+ y las infancias de la clase trabajadora a todos los niveles de enseñanza, además de cuestionar la forma en que la educación está estructurada en las escuelas y universidades, defendiendo una educación no sexista.
Por eso defendemos:
– Lucha en defensa de la educación pública, laica, estatal, gratuita, de calidad y socialmente referenciada, no sexista, no racista, antilgbt+fóbica y ecológica en las redes públicas.
– Lucha en defensa de la valorización de la historia y los derechos de las mujeres en los planes de estudio escolares, así como el combate a concepciones prejuiciosas, LGBT+fóbicas y racistas del conocimiento, la educación y la sociedad.
– Defensa de la formación del profesorado y del personal educativo bajo una concepción igualitaria de la educación, que contemple el debate racial, de género y de sexualidad, es decir, sobre el racismo, el machismo y la LGBT+fobia en el ámbito escolar.
– Defensa de una educación comprometida con la preservación de la vida y el medio ambiente, que reconozca y valore los saberes ancestrales indígenas y afrobrasileños.
– Lucha por la garantía de guarderías y espacios infantiles en las universidades, y por la formulación de otras políticas de permanencia para las madres universitarias, vinculadas al presupuesto de educación pública.
– Defensa de la implementación de cuotas para personas trans/travestis en la educación superior.
– Defensa de los hospitales universitarios 100% públicos, gratuitos y gestionados por las propias universidades, con desarrollo de investigación y atención a la salud de las mujeres y las personas LGBTQIAPN+. Implementación de consultorios para personas trans en los hospitales universitarios.
– Lucha por políticas de fomento a la producción científica realizada por mujeres y sobre mujeres, vinculadas al presupuesto de ciencia y tecnología.
– Lucha por un modelo educativo creador, emancipador y libertario, orientado a una formación que valore la diversidad y combata toda violencia de género y de orientación sexual.
4.4. Salud
El acceso a la salud debe ser un derecho garantizado para toda la población, sin excepción. El sistema único de salud, conquista de la clase trabajadora brasileña, debe ser fortalecido y defendido, además de volverse cada vez más democrático para garantizar el acceso a la salud a la población en su diversidad, asegurando políticas de atención a las mujeres y a las personas trans/travestis. Los sucesivos recortes presupuestarios en el mantenimiento del SUS recargan la salud de miles de mujeres y personas LGBTQIAPN+.
Por eso defendemos:
– Un SUS fuerte, público, universal y democrático, con implementación de gestión pública en las diversas esferas, garantía de ejecución de las políticas de equidad y fortalecimiento de las instancias de control social, con inversión, concurso público y sin subcontratación.
– Destinación presupuestaria específica para las políticas de salud dirigidas a poblaciones específicas, tales como: salud de la mujer, población negra, personas LGBTQIAPN+, población indígena, personas migrantes y refugiadas, entre otras.
– Defender el fortalecimiento de la investigación científica de las universidades públicas brasileñas en el área de la salud y su integración con el SUS y los hospitales universitarios de las universidades públicas.
– Luchar por la legalización del aborto. Abordar la legalización del aborto como un problema de salud pública. Asegurar la posibilidad de practicar el aborto en los casos previstos por la ley (violación y riesgo para la salud de la mujer) y defender la legalización de cualquier aborto. Luchar por la justicia reproductiva comprendiendo su dimensión racial y de clase.
– Producir políticas públicas contra la violencia obstétrica, ampliamente ejercida contra mujeres negras, indígenas y personas gestantes. Recabar datos sobre las histerectomías (extirpación del útero) realizadas sin consentimiento o con baja indicación médica, además de otras violencias en el prenatal, el parto y el puerperio ejercidas contra mujeres y personas trans en el sistema de salud.
– Garantizar la efectivización del principio de equidad en el SUS, de forma que se implemente un modelo asistencial que reconozca las especificidades de los distintos grupos poblacionales, tales como: población negra, LGBTQIAPN+, indígena, quilombola, ribereña, migrante y refugiada, entre otras.
– Reconocer la identidad de género de mujeres trans, travestis, hombres trans y personas no binarias, y ofrecer la atención necesaria a la salud de estas personas, así como garantizar el nombre social en los sistemas de información y registro; capacitar a los equipos de salud para el cuidado de las personas LGBTQIAPN+; ampliar los servicios de atención al proceso transexualizador en el SUS.
– Luchar por la garantía y ampliación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y demás cuerpos gestantes, que han sido duramente atacados por las bancadas conservadoras del Congreso Nacional.
– Fomentar la creación de Políticas Públicas de planificación reproductiva que incluyan a las personas LGBTQIAPN+ y el respeto a los diversos modelos familiares.
– Fomentar protocolos de referencia en todos los puestos de salud rural que identifiquen la contaminación por agrotóxicos, mayoritariamente reportada por mujeres (madres, esposas e hijas) respecto a la salud familiar.
– Garantizar el acceso a información sobre las políticas de salud y asistencia social para las personas LGBTQIAPN+ mediante campañas de salud integral que las animen a cuidar de su salud.
– Ampliar la inversión en campañas y programas de prevención del VIH/sida y otras ITS, y facilitar el acceso a los medicamentos necesarios para un tratamiento adecuado a través del SUS.
– Luchar por la ampliación de la ruptura de patentes de medicamentos controlados por grandes empresas farmacéuticas, de forma que se produzcan en Brasil a bajo costo para atender a la población y aliviar la carga del SUS.
4.5. Generación de trabajo e ingresos (combate a la pobreza)
Los estudios señalan que, a pesar de que en las últimas décadas las mujeres se han insertado más profundamente en los empleos formales, la mayor parte de las mujeres y las personas LGBTQIAPN+ están fuera del mercado formal (y, por tanto, lejos de derechos laborales como jubilación, aguinaldo, licencia de maternidad y otros, además del costo que implica conciliar el trabajo con las tareas del hogar), ganan menos que los hombres cis, tienen una tasa de desempleo más alta y siguen sujetas a acoso laboral, falta de reconocimiento de las profesiones consideradas «femeninas» y otros tipos de dificultades.
Por eso es fundamental:
– Invertir en la capacitación de la mano de obra femenina, para facilitar la entrada de más mujeres al mercado formal y fomentar el aumento de la remuneración en los cargos ya ocupados por mujeres.
– Garantizar salarios iguales para las mujeres. Todavía hoy es común que, para el mismo trabajo, haya salarios distintos para mujeres y hombres cis. Combate a la desigualdad racial entre los salarios. Por eso defendemos salario igual para trabajo igual.
– Actuar para eliminar el acceso diferenciado al uso y control de los recursos productivos (trabajo, tierra, capital, información, nuevas tecnologías, recursos naturales, etc.).
– Luchar por la equiparación de las licencias de maternidad y paternidad, y por el reconocimiento de las familias homoafectivas y las personas trans para el disfrute de la licencia.
– Defensa de la construcción de lavanderías públicas, ampliación de espacios comunitarios de cuidado infantil, restaurantes públicos, guarderías y otros servicios orientados a disminuir la carga de trabajo reproductivo doméstico.
– Lucha por el fin de la represión contra las personas vendedoras ambulantes en las ciudades, en su mayoría mujeres negras, y por la garantía de su dignidad.
– Garantizar subsidios de guardería para las personas gestantes y, cuando sea posible, guarderías en los lugares de trabajo.
– Garantizar, cuando sea posible, que las mujeres, las personas no binarias y los hombres trans con hijas e hijos tengan prioridad, al ingresar por concurso al servicio público, para elegir el lugar y horario de trabajo.
– Por la obligatoriedad de la igualdad salarial y por cuotas de género en los cargos de jefatura del servicio público.
4.6. Mujeres y naturaleza
La emergencia climática provocada por los procesos destructivos del capitalismo sobre el medio ambiente plantea desafíos y amenazas a la vida de todas las personas, pero en particular a las mujeres trabajadoras, campesinas, negras e indígenas, y de comunidades tradicionales. En las ciudades, las mujeres sufren para garantizar el bienestar de sus familias frente a las inundaciones, la falta de agua, el calor abrasador y la carestía de los alimentos. En el campo, las mujeres enfrentan la sequía, los agrotóxicos y la ofensiva del capital sobre las tierras de la agricultura familiar. En las comunidades ribereñas, las sequías y la contaminación de los ríos por la minería se han convertido en una amenaza para la vida. En los bosques, el avance de la deforestación, el monocultivo transgénico y los incendios ponen en riesgo la vida de personas y animales. A esto se suma la violencia con la que la clase dominante agrede a los pueblos y territorios indígenas y quilombolas, buscando exterminarlos y ocupar sus tierras. La crisis capitalista avanza sobre nuevas expropiaciones y sobre la inviabilización de la reproducción social y de la vida. En todos estos biomas y comunidades, las mujeres se levantan para luchar, asumiendo papeles de liderazgo fundamentales.
Actuar sobre esta esfera es esencial. Por eso proponemos:
– Fomentar debates locales con las mujeres pescadoras, indígenas, quilombolas, de los bosques y del campo en general, sobre qué leyes y políticas públicas son útiles en cada territorio. Ejemplo de la ley del Babasú Libre, que garantiza que las mujeres accedan a las áreas de babasuales aun cuando se encuentren en propiedades privadas.
– Lucha por la destinación presupuestaria y por espacios de políticas públicas orientadas al fortalecimiento de la agricultura familiar, al desarrollo de la agroecología, la permacultura, la producción de alimentos orgánicos accesibles a la población, entre otras iniciativas orientadas a la producción popular de alimentos saludables. Fomento de alianzas entre movimientos sociales del campesinado (por ejemplo, MST, MPA) y los gobiernos para el suministro de alimentación escolar. Fortalecimiento de las huertas comunitarias en las ciudades. Defensa de la reforma agraria popular.
– Lucha por la prohibición del glifosato y otros agrotóxicos con daños comprobados a la salud. Lucha contra los transgénicos y garantía de políticas para la creación de bancos populares/comunitarios de semillas.
– Defensa de la creación de planes para amortiguar los efectos de la crisis climática en las ciudades, del desarrollo de soluciones arquitectónicas frente a las lluvias, de la garantía de acceso al agua y de la atención a las áreas populares y periferias en los programas de prevención de desastres ambientales. No al racismo ambiental.
– Presión para fortalecer la fiscalización (y sanción) de la invasión de tierras quilombolas e indígenas, además de reservas ambientales y parques. Combate a la deforestación y la minería ilegales.
– Que, en las áreas impactadas por proyectos de gran escala, las evaluaciones de impacto ambiental —previas y posteriores— incorporen una perspectiva de género, considerando también esos impactos en la vida de las mujeres.
– Que se potencien los estudios y las políticas públicas sobre la salud mental de la población afectada por represas y grandes obras.
– Que se fomenten las ocupaciones urbanas por parte de mujeres jefas de hogar monoparentales, bajo el argumento de que, entre otras cosas, dan función social a construcciones ya existentes en lugar de generar más demanda para las constructoras y las productoras de cemento, grava, cal, cobre, etc.
– Visibilidad para las mujeres recicladoras de materiales y en situación de vulnerabilidad social, dado el importante servicio que prestan en el reciclaje.
– Fortalecimiento de los movimientos indígena, negro, quilombola, campesino, ribereño, de personas afectadas por represas, de recicladoras, ambiental y otros que se sumen a la defensa de la naturaleza y de la vida frente a las ofensivas del capital.
«Tal vez, más que intentar una inclusión en esas normas que históricamente nos violentan, podamos sentirnos orgullosas de formar parte, sí, de la destrucción de ciertos modos de existencia que no admiten la multiplicidad. Comprendiendo que, tratándose de personas muy heridas por las violencias coloniales, una de las formas de defensa puede ser justamente intentar resignificar la idea de familia, de dios, de respeto y de responsabilidad, y ese es un camino posible, pero tampoco podemos olvidar que dejar de apostar por esos mismos sistemas, crear otras palabras, otros sentidos, también es una posibilidad. Parte del ejercicio de descolonización es justamente dejar de atribuir una esencia previa a las estructuras organizadas en nombre de dios, de la familia, en nombre del bien, porque es justamente la creencia en eso lo que nos hace intentar repetirlas. Subrayo este punto para ponderar que no todo debe ser resignificado; tal vez existan sistemas que en verdad deban ser destruidos.»
(Descolonizando afectos – Geni Nunez)